“Un paso atrás”: la fórmula para reparar la confianza en el trabajo

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19 octubre 26

“Un paso atrás”: la fórmula para reparar la confianza en el trabajo

Las organizaciones que no aprenden a resolver sus conflictos internos tampoco sabrán resolver los problemas sociales que las rodean. Esa es la premisa con la que el padre Elías López, psicólogo jesuita especializado en reconciliación, abordó el tema de la reparación organizacional durante su participación en Wellbeing 360, encuentro del Instituto de Propósito y Bienestar Integral de Tecmilenio.

“Un paso atrás”: la fórmula del jesuita Elías López para reparar la confianza en el trabajo

En entrevista, el sacerdote explicó que el punto de partida es una práctica a la que llama “el paso atrás”. Se trata de detenerse a examinar el conflicto o la ruptura de confianza desde distintas dimensiones de la persona.

El paso atrás como método

López describió ese ejercicio como una herramienta que se apoya en la tradición espiritual del examen interior. Quien lo realiza reconecta con el contexto en el que ocurrió el daño y activa sus inteligencias corporales, emocionales y lógicas. Después las vincula con la inteligencia espiritual, que define como la capacidad de poner todo en relación con la fuente de vida. El proceso concluye con la inteligencia práctica y la colectiva, es decir, con la acción y el encuentro con la persona con quien existe el conflicto.

Todos poseen esa capacidad de reconexión y de resignificación del daño. La dificultad radica en que rara vez se convierte en hábito, ya sea en lo personal, en los equipos de trabajo o en la organización completa.

Formación a la medida y un paso a la vez

Ante la pregunta sobre cómo trabajar con liderazgos de ego muy grande, el jesuita respondió que la punta de lanza del cambio es la educación y la formación práctica con herramientas concretas. Aseguró que los equipos perciben “microcambios significativos” que alimentan la esperanza y los animan a dar una segunda oportunidad al proceso.

Estos programas se diseñan junto con los equipos directivos, a la medida de cada cultura organizacional. De lo contrario, explicó, la capacitación llega como algo exótico y ajeno, y la organización la rechaza porque tocar los conflictos puede asustar. Por ello recommended avanzar con gradualidad. El liderazgo, afirmó, debe buscar el siguiente paso posible y no la perfección inmediata, porque exigir desde el primer día condena el proceso al fracaso. “No es como una receta mágica”, advirtió.

El sacerdote vinculó este planteamiento con la violencia estructural en México, país que, recordó, registra miles de desaparecidos y figura entre los de mayores índices de violencia en el mundo.

Empatía, emociones y el cuchillo de la técnica

Sobre el papel de la empatía en la reconstrucción de la confianza, López explicó que los seres humanos están diseñados neuronalmente para ponerse en el lugar del otro gracias a las neuronas espejo. Una segunda conexión neuronal introduce cierta distancia, y esa distancia permite ayudar. Quien se identifica por completo con una víctima, ejemplificó, no puede auxiliarla.

El psicólogo consideró que el reto consiste en aprender a usar ese sistema en el comportamiento, con apoyo de la inteligencia emocional. Identificó tres grandes miedos humanos que operan en la familia, la amistad y el trabajo, el miedo al dolor, a la soledad y a la locura. Sin autorregulación emocional, advirtió, esos temores juegan malas pasadas.

Para él, la educación práctica de ensayo y error debería comenzar en la infancia, con enseñanzas como la respiración consciente, el paso atrás y la empatía. Con ello, estimó, la violencia en México se reduciría de manera notable. Los sistemas educativos público y privado, lamentó, aún no lo asumen. “Tenemos los conocimientos, pero no tenemos la determinación todavía”, dijo.

López añadió que la formación técnica sin una formación espiritual profunda puede usarse para el mal. Lo comparó con un cuchillo, que sirve para cortar la carne o para dañar a otro según la actitud de quien lo usa. A su juicio, al sistema educativo le faltan el “para qué” y el “desde dónde”, además de voluntad política de gobiernos, docentes, familias y de toda la comunidad educativa.

Todas las personas ejercen liderazgo

Al responder qué pueden hacer quienes integran una organización sin ocupar un cargo directivo, el sacerdote sostuvo que “todos ejercemos el liderazgo”, y esto implica comprender que la influencia es mutua -colaborador- jefe- y que, si más personas tomaran conciencia de sus talentos, su palabra y su acción, el liderazgo sería más participativo, horizontal y colaborativo.

El reto, concluyó, es incorporar las distintas voces en la toma de decisiones, lo que él llama discernimiento inclusivo. Quien no lo hace desperdicia el capital humano y la sabiduría de su propio equipo.

Las recomendaciones para cultivar un buen liderazgo:

  • Dar el paso atrás ante un conflicto o una ruptura de confianza, para examinar lo ocurrido con todas las inteligencias y reconectar con la otra persona.
  • Convertir esa práctica en hábito personal, de equipo y de organización.
  • Apostar por la formación práctica, con herramientas concretas y aprendizaje de ensayo y error.
  • Co-diseñar los programas con los equipos directivos, a la medida de la cultura de cada organización.
  • Buscar el siguiente paso posible y la ventana de oportunidad, en lugar de exigir la perfección inmediata.
  • Aprender a usar la empatía junto con la autorregulación emocional.
  • Enseñar desde la infancia la respiración consciente, el paso atrás, la empatía y la inteligencia emocional.
  • Acompañar la formación técnica con una formación espiritual profunda que responda al “para qué” y al “desde dónde”.
  • Asumir que todas las personas ejercen liderazgo y que la influencia en un liderazgo sano es mutua.
  • Incorporar las distintas voces en la toma de decisiones, mediante el discernimiento inclusivo.

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