Entre 35 y 65% de las personas son resilientes; tiene la capacidad de aprender de eventos traumáticos. Esta habilidad se logra al fijar metas intermedias y no de largo plazo.
Aunque buena parte de las circunstancias que vivimos, no las elegimos, sí definimos cómo reaccionar ante ellas y esas decisiones son las que acercan o te alejan de la felicidad, advierten especialistas en psicología positiva, enfoque mediante al cual se estudian científicamente las bases de la felicidad.
En abril, Mes de Concientización sobre el Estrés, el lema para 2026 es #BeTheChange, impulsado por la Stress Management Society [1]. Lo que esta conmemoración nos indica es que la conversación no se centra sólo en las diversas problemáticas que generan estrés, sino en la forma en que se responde a él.
Ahí aparece una diferencia concreta: hay personas que mantienen claridad para decidir cuando la presión es muy intensa. Otras no logran reaccionar de la misma manera.
Esa capacidad es lo que Ann Masten, profesora de Psicología en la Universidad de Minnesota, define como resiliencia: “seguir funcionando aún en condiciones adversas” (Masten, 2014) [2]. Sólo entre el 35% y el 65% de las personas logra mantener esa claridad para decidir, priorizar y avanzar incluso frente a eventos muy complejos (Bonanno, 2004) [3].
Lejos de esperar a que la presión disminuya, se trata de operar dentro de ella sin perder criterio.
¿Cómo influyen las emociones en la capacidad de decisión?
Las emociones juegan un papel fundamental, pero menos obvio de lo que suele asumirse. Barbara Fredrickson, profesora de Psicología en la Universidad de Carolina del Norte y referente en el estudio de las emociones, ha documentado que los estados emocionales positivos (alegría, interés, curiosidad) amplían la capacidad de pensamiento y acción, lo que permite responder con mayor flexibilidad en contextos de presión (Fredrickson, 2001) [4]. Ese margen de respuesta es parte de lo que permite sostenerse bajo presión y, por tanto, trabajar la resiliencia.
Pero parte del problema es que “sostenerse en momentos complejos” suele condicionarse a que todo en el entorno mejore. Martin Seligman, exponente de la psicología positiva, plantea que ese estar bien para decidir no depende únicamente de las condiciones externas, sino de elementos como el propósito, las relaciones y el nivel de involucramiento, que pueden sostenerse incluso en escenarios adversos (Seligman, 2011) [5].
En la práctica, esto significa que, aún cuando el entorno no mejora —un empleo que no llega, una carga de trabajo que no baja o una decisión que no depende de la persona—, hay aspectos que sí pueden sostenerse: avanzar en una tarea concreta, mantener vínculos cercanos o involucrarse en una actividad con sentido. Eso es lo que permite que la persona siga operando, aún cuando la presión no baja.
¿Cómo desarrollar la resiliencia en contextos complejos?
lona Boniwell, directora de la maestría en Psicología Positiva en la Universidad Anglia Ruskin en el Reino Unido, propone las siguientes herramientas:
- Dividir un objetivo en submetas semanales permite construir estructura incluso en contextos de alta volatilidad. Además, esta práctica fortalece la capacidad de priorizar y, en consecuencia, de enfrentar problemas con mayor claridad. Por ejemplo, si el objetivo principal es conseguir empleo, una estrategia útil consiste en distribuir a lo largo de la semana actividades concretas como mejorar el currículum, practicar entrevistas o ampliar la red de contactos.
- Para fortalecer la resiliencia, otra técnica clave es el “reenfoque de la situación”. Esta consiste en imaginar tanto la mejor respuesta posible ante un problema como el peor escenario imaginable, y contrastarlos. Este ejercicio favorece una reflexión más amplia y permite identificar aprendizajes potenciales. A partir de ahí, se obtiene mayor claridad sobre qué herramientas utilizar y se genera un impulso para afrontar la situación con mayor asertividad.
- También es importante incorporar con frecuencia la pregunta: “En este momento de tanta complejidad, ¿puedo dirigir mi mente hacia otra cosa?”. Esta estrategia, conocida como “distanciamiento del problema”, busca tomar una pausa mental frente a la dificultad.
- El objetivo no es evadir la realidad, sino crear un espacio temporal que permita recuperar perspectiva. Para ello, la persona puede enfocarse en nuevos propósitos o en herramientas como el mindfulness, facilitando así una gestión más equilibrada y efectiva del problema.
Referencias
[1] Stress Management Society. (2026). Stress Awareness Month 2026: #BeTheChange. https://www.stress.org.uk/
[2] Masten, A. S. (2014). Ordinary magic: Resilience in development. Guilford Press.
[3] Bonanno, G. A. (2004). Loss, trauma, and human resilience. American Psychologist, 59(1), 20–28.https://doi.org/10.1037/0003-066X.59.1.20
[4] Fredrickson, B. L. (2001). The role of positive emotions in positive psychology. American Psychologist, 56(3), 218–226.https://doi.org/10.1037/0003-066X.56.3.218
[5] Seligman, M. E. P. (2011). Flourish. Free Press.