En vacaciones de verano, muchas familias inscriben a sus hijos a talleres de expresión artística, solo para ocupar el tiempo libre. Según una investigación en la que participó el IPBI, eso rinde poco y no genera un bienestar real entre las personas.
Una investigación de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), y en cuyo análisis participa el Instituto del Propósito y Bienestar Integral de Tecmilenio, llegó a una conclusión que vale la pena tener en mente antes de inscribir a alguien a una clase de arte: participar no es suficiente. Lo que sí mejora el bienestar es sentir que se progresa.
En vacaciones de verano, muchas familias inscriben a sus hijos a talleres de expresión artística, solo para ocupar el tiempo libre. Según esta investigación, eso rinde poco y no genera un estado de bienestar, si el joven no nota ningún avance.
Así lo concluye la investigación, a través de la cual se encuestó a 263 estudiantes universitarios de 20 años en promedio. Se les cuestionó sobre su participación en actividades artísticas y sobre qué tan bien se sentían en general, y comparó ambas respuestas. Participaron jóvenes que pintan, tocan un instrumento, actúan, bailan o cantan, dentro y fuera de sus carreras.
¿Qué es el florecimiento humano?
El bienestar que mide este estudio no se refiere solo a sentirse bien un rato. Los investigadores del IPBI y la UANL usaron como marco el concepto de florecimiento humano del Global Flourishing Study, uno de los estudios de bienestar más grandes que se han hecho, con 200,000 participantes en 22 países [1]. Florecer, en ese marco, incluye el sentido de vida, el carácter y la calidad de las relaciones cercanas de una persona, no solo su salud física o su estado de ánimo del momento.
El hallazgo central del estudio es que la participación artística, por sí sola, no está relacionada con el bienestar. Lo que sí lo está es sentir que se progresa: pintar mejor que la semana anterior, tocar una pieza con menos errores, o lograr que una escena de teatro por fin salga como se quería. Esta sola experiencia explica hasta 8 de cada 10 puntos de la mejora en bienestar que reportaron los estudiantes.
Los investigadores agruparon esta y otras cuatro experiencias en un modelo al que llamaron RAISE —por Reflexión, Adquisición de habilidades, Inmersión, Socialización y Expresión—, que en conjunto explicó 40.5% de las diferencias en el bienestar reportado entre los estudiantes encuestados.
La explicación tiene respaldo en la ciencia del comportamiento: la Teoría de la Autodeterminación identifica la sensación de competencia —notar que uno es capaz de algo— como una de las necesidades psicológicas básicas para el bienestar humano [2]. Y no es solo teoría: una revisión de más de 3,000 estudios de la Organización Mundial de la Salud encontró evidencia consistente de que las actividades artísticas mejoran la salud mental, aunque advierte que el efecto depende de cómo se practican, no solo de participar en ellas [3].
Otras experiencias también suman al bienestar, aunque con menos peso: socializar con el grupo, expresar algo difícil de poner en palabras, concentrarse por completo en la actividad y tomarse un momento para reflexionar. Juntas, explican poco más de 4 de cada 10 puntos de esa mejora.
Socializar, la experiencia mejor calificada
De todas las experiencias que mide el estudio, socializar a través del arte —cantar en un coro, bailar en grupo, actuar en una obra— fue la que más disfrutaron los estudiantes: obtuvo la calificación más alta de las cinco vías del modelo, 4.20 sobre 5. Participar en estos grupos también mejora la percepción de que el entorno universitario progresa como comunidad, un indicador que los investigadores llaman ‘actualización social’ y que los estudiantes calificaron en 3.93 sobre 5.
El dato cobra relevancia en un contexto donde la salud mental de los universitarios se ha deteriorado: según el propio estudio, hasta 46% de los estudiantes encuestados reportó niveles significativos de ansiedad tras la pandemia, una cifra consistente con revisiones más amplias sobre salud mental universitaria en este periodo [4].
Los más jóvenes están ‘abiertos’ al arte
El estudio encontró que los estudiantes de primer semestre, de 18 años, están mucho más abiertos a tomar clases de arte que los de semestres avanzados, de 22 o 24. Conforme sube la carga de materias, baja el tiempo disponible para el arte, justo cuando más presión académica hay y el arte podría ayudar a sobrellevarla.
Para los investigadores, la lectura para las universidades —y para cualquier familia que inscriba a alguien a un taller este verano— es la misma premisa: no basta con abrir la puerta del salón. El beneficio aparece cuando, al final, la persona puede mostrar algo que no sabía hacer antes: un cuadro, una canción, una escena montada con otros. Ese cierre, según el estudio, importa tanto como la actividad misma.
Aquí tienes cinco recomendaciones prácticas, para elegir un taller de verano que realmente favorezca el bienestar:
- Elige un taller donde puedas notar tu progreso
Más que buscar "mantenerse ocupado", busca un espacio donde al final puedas ver lo que aprendiste: tocar una canción, terminar una pintura, presentar una obra o dominar una nueva técnica. Sentir que avanzas es uno de los factores que más contribuye al bienestar.
- Prioriza talleres con un proyecto o presentación final
Los talleres que culminan con una exposición, recital, muestra o puesta en escena ayudan a dar sentido al proceso y permiten reconocer los logros alcanzados, fortaleciendo la confianza y la motivación.
- Busca espacios que favorezcan la convivencia
Los talleres grupales ofrecen una oportunidad para conocer personas, colaborar y crear vínculos. Compartir la experiencia con otros también fortalece el bienestar emocional y el sentido de pertenencia.
- Escoge una actividad que realmente despierte tu interés
No es necesario ser experto. Lo importante es elegir una disciplina que genere curiosidad y disfrute. Cuando existe interés genuino, es más fácil mantener la atención, practicar y experimentar satisfacción durante el aprendizaje.
- Valora el proceso, no sólo el resultado
Un buen taller no busca la perfección, sino ofrecer un ambiente donde sea posible experimentar, equivocarse, aprender y expresarse con libertad. El bienestar surge cuando el aprendizaje se vive como una experiencia significativa, no como una competencia.
Recuerda, el mejor taller de verano no es el que ocupa el tiempo, sino el que deja nuevas habilidades, experiencias compartidas y la satisfacción de descubrir que eres capaz de hacer algo que antes no podías.
Con información del Instituto del Propósito y Bienestar Integral (IPBI) y de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).
Referencias
[1] VanderWeele, T. J., Johnson, B. R., Bialowolski, P. T., Bonhag, R., Bradshaw, M., Breedlove, T., ... & Yancey, G. (2025). The Global Flourishing Study: Study profile and initial results on flourishing. Nature Mental Health, 3, 636–653. https://doi.org/10.1038/s44220-025-00423-5
[2] Deci, E. L., & Ryan, R. M. (2000). The "what" and "why" of goal pursuits: Human needs and the self-determination of behavior. Psychological Inquiry, 11(4), 227–268. https://doi.org/10.1207/S15327965PLI1104_01
[3] Fancourt, D., & Finn, S. (2019). What is the evidence on the role of the arts in improving health and well-being? A scoping review (Health Evidence Network synthesis report 67). WHO Regional Office for Europe.
[4] Zarowski, B., Giokaris, D., & Green, O. (2024). Effects of the COVID-19 pandemic on university students' mental health: A literature review. Cureus, 16(2), e54032. https://doi.org/10.7759/cureus.54032
[5] Instituto del Propósito y Bienestar Integral & Universidad Autónoma de Nuevo León. (2026). Arte, progreso y bienestar en estudiantes universitarios [Documento de trabajo no publicado].