El poder de los vínculos para un liderazgo positivo

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08 julio 26

El poder de los vínculos para un liderazgo positivo

La felicidad no se construye sólo desde ‘la intención’ o el trabajo individual, sino a través de vínculos, gratitud, reconocimiento y conexión con los demás.

Durante mucho tiempo, la felicidad se ha presentado como una tarea individual: conocerse mejor, trabajar en uno mismo, encontrar el propósito personal, cuidar los hábitos, aprender a poner límites. Todo eso valioso. Pero una de las lecciones consistentes de la psicología positiva es que el bienestar rara vez se construye en aislamiento.

Sonja Lyubomirsky, una de las investigadoras más reconocidas en el estudio científico de la felicidad, lo ha explicado desde hace décadas: muchas de las prácticas que ayudan a las personas a sentirse mejor funcionan porque fortalecen su conexión con los demás. La gratitud, la generosidad, los actos de amabilidad, la escucha o el sentido de propósito no sólo modifican la vida interior de una persona; también la vinculan con otros.

La idea resulta especialmente útil para pensar el liderazgo positivo. Si la felicidad no es sólo una experiencia interna, sino también una experiencia relacional, entonces una organización no puede hablar de bienestar sin hablar de vínculos: confianza, reconocimiento, colaboración, gratitud, escucha y sentido de pertenencia.

Esa fue una de las líneas con más impulso narrativo durante el décimo aniversario de la Maestría en Liderazgo Positivo de Tecmilenio. En distintas conversaciones del encuentro, el bienestar no se presentó como una aspiración abstracta ni como una forma amable de hablar de productividad, sino como una manera distinta de entender la educación, las organizaciones y el futuro del trabajo.

Rosalinda Ballesteros, directora del Instituto del Propósito y Bienestar Integral, y Simón Cohen, fundador y presidente de Henco Global, coinciden en una idea aparentemente ‘sencilla’: saludar, sonreír, agradecer y reconocer a quienes hacen posible una organización no son gestos menores. En entornos laborales marcados por la prisa, la hiperconexión y la presión por resultados, estos hábitos pueden convertirse en una forma concreta de cuidar la cultura.

Cohen lo plantea desde la experiencia empresarial: una organización también compite por la forma en que trata a las personas. La sonrisa, la gratitud o el buen trato no sustituyen la exigencia ni los resultados, pero sí pueden cambiar la manera en que se enfrentan los problemas. El liderazgo positivo, en ese sentido, no consiste en eliminar la presión del trabajo, sino en crear condiciones para que las personas puedan responder a ella sin perder humanidad.

La investigación académica apunta en una dirección similar. En una revisión de estudios sobre felicidad y éxito profesional, Julia K. Boehm y Sonja Lyubomirsky[1] encontraron que la felicidad no sólo se correlaciona con mejores resultados laborales, sino que con frecuencia antecede indicadores de éxito. Es decir: no se trata únicamente de que a las personas les vaya bien y por eso sean felices; los estados positivos también pueden favorecer mejores resultados en el trabajo.

El liderazgo positivo impulsa el compromiso

Otros estudios han observado esta relación a nivel organizacional. Christian Krekel, George Ward y Jan-Emmanuel De Neve[2] analizaron 339 investigaciones independientes con datos de más de 1.8 millones de empleados y más de 82 mil unidades de negocio. Su revisión encontró que el bienestar de los trabajadores se asocia positivamente con lealtad de clientes, productividad y rentabilidad, y negativamente con rotación de personal. En otra investigación experimental, Andrew Oswald, Eugenio Proto y Daniel Sgroi[3] encontraron que las personas a las que se indujo un estado de mayor felicidad fueron alrededor de 12% más productivas en una tarea remunerada por pieza.

Estos datos no significan que la felicidad deba convertirse en otra exigencia laboral ni en una obligación emocional. Más bien sugieren que el bienestar puede ser parte de las condiciones que permiten trabajar mejor; no como ‘maquillaje’ corporativo, sino como una dimensión real de la vida organizacional.

Una idea similar apunta Ryan Niemiec, Director del VIA Institute on Character, sobre fortalezas de carácter. Su propuesta no se limita a que cada persona identifique sus propias cualidades, sino a que los líderes aprendan a reconocerlas en los demás. Ver la curiosidad de alguien que hace buenas preguntas, la prudencia de quien ordena un proceso, la perseverancia de quien sostiene una tarea difícil o la gratitud de quien reconoce al equipo es también una forma de conexión.

Reconocer una fortaleza no es sólo elogiar. Es decirle a otra persona: veo algo valioso en ti. Y cuando alguien se siente visto, suele participar de otra manera. Se involucra más, confía más, colabora mejor. Por eso, las fortalezas de carácter pueden funcionar como un lenguaje común para los equipos: ayudan a nombrar lo mejor de las personas y a convertirlo en acción cotidiana.

Desde esta perspectiva, la felicidad no es una meta privada que cada uno debe alcanzar por su cuenta. Es una experiencia que se cultiva en relación con otros: cuando alguien enseña, acompaña, escucha, reconoce, agradece o ayuda a construir un entorno donde los demás pueden desplegar su potencial.

Quizá por eso el liderazgo positivo resulta tan relevante en este momento. Frente a un mundo cada vez más acelerado, tecnológico y competitivo, propone volver a una pregunta básica: ¿cómo hacemos para que las personas trabajen, aprendan y vivan mejor juntas?

La respuesta no siempre está en grandes transformaciones. A veces empieza con prácticas pequeñas y constantes: agradecer con más intención, escuchar sin prisa, reconocer el esfuerzo de alguien, preguntar cómo está una persona antes de hablar de pendientes, crear espacios donde las fortalezas de cada uno aparezcan.

La felicidad, al final, también se entrena. Pero no se hace únicamente hacia adentro. Se entrena en la forma en que miramos a los demás, en cómo participamos en una comunidad y en la calidad de los vínculos que somos capaces de construir. El liderazgo positivo puede aprender mucho de esa idea: una organización más feliz no es aquella donde todos persiguen individualmente su bienestar, sino aquella donde las personas se ayudan a florecer unas a otras.

Apuntes sobre Psicología Positiva

¿Quién es Sonja Lyubomirsky?

Es profesora distinguida de Psicología en la Universidad de California, Riverside. Obtuvo su licenciatura en Harvard, con distinción summa cum laude, y su doctorado en Psicología Social y de la Personalidad en Stanford. Su trabajo ha explorado la posibilidad de aumentar la felicidad de manera sostenida mediante prácticas como la gratitud, la amabilidad y la conexión social. También es autora de libros de divulgación como The How of Happiness[4] y The Myths of Happiness[5], obras que han llevado la investigación sobre bienestar a un público amplio.

Referencias

  1. Boehm, J. K., & Lyubomirsky, S. (2008). “Does Happiness Promote Career Success?”. Journal of Career Assessment, 16(1), 101–116. doi:10.1177/1069072707308140.
  2. Krekel, C., Ward, G., & De Neve, J.-E. (2019). “Employee Well-being, Productivity, and Firm Performance”. Global Happiness and Wellbeing Policy Report 2019 / Saïd Business School Working Paper 2019-04.
  3. Oswald, A. J., Proto, E., & Sgroi, D. (2015). “Happiness and Productivity”. Journal of Labor Economics, 33(4), 789–822. doi:10.1086/681096.
  4. Lyubomirsky, S. (2008). The How of Happiness: A Scientific Approach to Getting the Life You Want. Penguin Press.
  5. Lyubomirsky, S. (2013). The Myths of Happiness: What Should Make You Happy, but Doesn’t, What Shouldn’t Make You Happy, but Does. Penguin Press.

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