La escuela, ese espacio vital donde los jóvenes forjan su futuro, se ha convertido para muchos en un lugar donde la soledad y la exclusión son una realidad palpable. Datos recientes de México son un claro indicador: en 2022, un alarmante 25% de los estudiantes de 15 años reportó sentirse solo en la escuela, y un 26% se percibió como extraño o excluido. Esta tendencia, que muestra una disminución general en la satisfacción vital de los estudiantes, no es exclusiva de nuestro país, sino un eco global que resuena en múltiples naciones¹.
Las escuelas son mucho más que centros de instrucción académica; son crisoles donde se moldea la identidad, la resiliencia y el bienestar emocional de las nuevas generaciones. Para los adolescentes, la institución educativa es un epicentro crucial de su desarrollo, un lugar donde pasan más de un tercio de sus horas de vigilia. Esta presencia constante subraya la visión de la Comisión Europea, que considera a las escuelas "fundamentales para promover la salud mental y el bienestar entre los jóvenes, al tratarse de entornos en los que pasan un tiempo considerable durante sus años de desarrollo"2. Es, por tanto, una responsabilidad institucional ineludible ir más allá de lo académico y asumir un rol activo en el fomento del bienestar integral de sus estudiantes.
A pesar de la importancia crítica de la escuela, la mayoría de los centros educativos carecen de un diagnóstico integral sobre el bienestar y el clima escolar. Esta laguna es particularmente preocupante durante la adolescencia, una etapa marcada por una intensa emotividad, una profunda necesidad de reconocimiento y aceptación social, y una significativa influencia de pares y adultos3,4.
Tradicionalmente, la evaluación del bienestar se ha centrado a menudo en el individuo, considerándolo como un fenómeno casi aislado, ajeno a las condiciones que lo rodean. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. El bienestar de un estudiante no se construye en un vacío; está intrínsecamente ligado al entorno en el que se desenvuelve.
Para abordar esta complejidad, es esencial entender el bienestar en toda su magnitud. Como lo describe Martin Seligman en su libro Flourish (2011), el bienestar es el resultado de la confluencia de varios elementos que propician el florecimiento humano: emociones positivas, compromiso profundo, relaciones humanas constructivas, un claro sentido o propósito de vida, y el logro o la realización personal5.
La correlación entre un elevado bienestar, un ambiente escolar positivo y resultados académicos sobresalientes es innegable6,7. Un estudio clave como el de PISA 2018 lo confirma: estudiantes que experimentan bullying de manera regular son más propensos a faltar a la escuela. En contraste, aquellos que valoran su institución, disfrutan de un clima disciplinario favorable y cuentan con apoyo emocional parental, demuestran un rendimiento superior en lectura y una menor tasa de ausentismo8.
Ante este panorama, la imperativa necesidad de evaluar se hace evidente. Para cultivar un mayor bienestar y un clima escolar óptimo, es indispensable implementar diagnósticos a nivel institucional, involucrando activamente a estudiantes, docentes y otros colaboradores. La máxima "lo que se mide, se puede mejorar", popularizada por el el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), resuena profundamente en este contexto, subrayando que la evaluación es el primer paso hacia una mejora sustancial.
Aunque se han realizado esfuerzos previos, como el Cuestionario de Percepción de Clima en la Escuela, parte del Programa Nacional de Convivencia Escolar, su implementación se limitó a una muestra de escuelas de nivel básico9 y a partir de 2021 ya no se le asignaron recursos en el Presupuesto de Egresos de la Federación. Esto resalta la persistente necesidad de una herramienta robusta y continua para todos los niveles educativos.
Es precisamente en respuesta a esta urgencia, y reconociendo la interdependencia entre el individuo y su entorno, que el Instituto del Propósito y Bienestar Integral (IPBI) de Tecmilenio ha desarrollado una propuesta innovadora: la metodología Factor Wellbeing Educativo (FWE). Este sistema de evaluación de bienestar y clima escolar se distingue por su rigor, basándose en criterios estandarizados de pruebas psicológicas. FWE desafía la visión tradicional al postular que el bienestar estudiantil debe entenderse y medirse siempre en relación con su contexto social inmediato: el clima escolar. La percepción que tienen los alumnos de su escuela —de sus compañeros, de sus maestros, de la seguridad y el apoyo que encuentran— es un predictor fundamental de su propio bienestar.
Su modelo predictivo postula que un entorno escolar positivo no solo es deseable, sino que es un catalizador directo del bienestar, el desarrollo de fortalezas de carácter y la claridad del propósito de vida, elementos que, en conjunto, potencian el engagement o el entusiasmo de los estudiantes hacia sus actividades académicas10,11. FWE, por lo tanto, se enfoca en la medición de estos componentes esenciales, reconociendo explícitamente el clima escolar como un pilar fundamental que modela la experiencia individual de bienestar.
Factor Wellbeing Educativo se concibe como una herramienta para diagnosticar y, con ello, sentar las bases para una comprensión profunda del compromiso de las instituciones educativas con el bienestar de su comunidad. Esta iniciativa se nutre de más de una década de experiencia del IPBI en el campo de la educación positiva y se beneficia del éxito de metodologías hermanas, como el Factor Wellbeing para el ámbito empresarial, que ha cimentado la base de datos de bienestar laboral más extensa del país. Este enfoque está diseñado para centros educativos de secundaria y preparatoria, tanto del sector público como privado.
Adoptar metodologías de evaluación como FWE ofrece a las instituciones educativas la oportunidad de obtener un aprendizaje invaluable y datos precisos sobre el bienestar escolar. Expertos como el economista Richard Layard, codirector del programa de investigación en Bienestar de la London School of Economics, han reconocido la labor de Tecmilenio en este ámbito como un “ejemplo de clase mundial” en la implementación de la educación positiva12.
La búsqueda de un bienestar estudiantil sólido y un clima escolar positivo es una tarea continua que demanda herramientas de comprensión y acción; así como la colaboración de distintos actores internos y externos. El compromiso del IPBI de Tecmilenio con la investigación y el desarrollo de metodologías robustas como FWE, marca un paso adelante en este camino fundamental para el futuro de nuestros jóvenes y sus comunidades educativas.
Por su parte, las instituciones educativas tienen un rol indispensable como garantes y promotoras del bienestar que se construye colectivamente. Su participación en FWE puede constituir un siguiente paso en la consolidación del bienestar estudiantil y un clima escolar positivo, lo que contribuirá a la formación de personas íntegras para la sociedad.
Si tú eres una persona directora o docente de secundaria, preparatoria o universidad y te interesa aplicar la metodología de FWE en tu institución educativa,envía tus datos por medio de este formulario o envía un mensaje al correo wellbeing.edu@servicios.tecmilenio.mx. El personal del IPBI te enviará la información y te guiará en cada etapa del proceso.
Referencias:
- OECD (2023). PISA 2022 Results, Factsheets, Mexico. https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2023/11/pisa-2022-results-volume-i-and-ii-country-notes_2fca04b9/mexico_515c0d35/519eaf88-en.pdf
- Comisión Europea (s/f). Bienestar en la escuela. https://education.ec.europa.eu/es/education-levels/school-education/wellbeing-at-school#stripe_title-6101
- Steinberg, L. (2008). A social neuroscience perspective on adolescent risk-taking. Developmental Review, 28(1), 78-106. https://doi.org/10.1016/j.dr.2007.08.002
- Galván, A. (2010). Adolescent Development of the Reward System. Frontiers in Human Neuroscience, 4(6), 1-9. https://doi.org/10.3389/neuro.09.006.2010
- Seligman, M. (2011). Flourish. A Visionary New Understanding of Happiness and Well-being.
- Gubbels, J., van der Put, C. E., & Assink, M. (2019). Risk Factors for School Absenteeism and Dropout: A Meta-Analytic Review. Journal of Youth and Adolescence, 48(9), 1637-1667. https://doi.org/10.1007/s10964-019-01072-5
- López, V., Oyanedel, J. C., Bilbao, M., Torres, J., Oyarzún, D., Morales, M., Ascorra, P., & Carrasco, C. (2017). School Achievement and Performance in Chilean High Schools: The Mediating Role of Subjective Wellbeing in School-Related Evaluations. Frontiers in Psychology, 8, 1189. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2017.01189
- OCDE (2019). NOTA PAÍS. Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) PISA 2018 - Resultados. https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/about/programmes/edu/pisa/publications/national-reports/pisa-2018/featured-country-specific-overviews/PISA2018_CN_MEX_Spanish.pdf
- Secretaría de Educación Pública (s/f). Programa Nacional de Convivencia Escolar. Informe Nacional de Resultados. Evaluación Interna. Ciclo escolar 2018-2019. https://www.septlaxcala.gob.mx/convivencia_escolar/informe_resultados_pnce_18_19_nacional.pdf
- Eccles, J. S., & Roeser, R. W. (2011). Schools as Developmental Contexts During Adolescence. Journal of Research on Adolescence, 21(1), 225-241. https://doi.org/10.1111/j.1532-7795.2010.00725.x
- Damon, W., Menon, J., & Bronk, K. C. (s. f.). The Development of Purpose During Adolescence.
- Instituto de Ciencias del Bienestar Integral. (2023). Wellbeing 360. https://cienciasdelafelicidad.mx/libro.html
Autores:
Nayeli Aguirre Arias
Especialista de Investigación del IPBI
Mario César Toledo
Director de Investigación del IPBI