Dispositivos móviles en la escuela: de la prohibición a la autorregulación digital

Lectura aproximada 4 min

05 octubre 26

Dispositivos móviles en la escuela: de la prohibición a la autorregulación digital

Ante el arranque del ciclo escolar y la discusión pública que se vive en diversos estados y planteles del país sobre si la prohibición de celulares en el aula será efectiva, el Instituto del Propósito y Bienestar Integral (IPBI) de la Universidad Tecmilenio advirtió que el veto total es una medida de contención superficial que posterga el problema en lugar de solucionar el déficit de atención y autocontrol en las nuevas generaciones.

La escena se repite cotidianamente en las escuelas del país: niñas y niños descienden de los vehículos o caminan hacia la entrada con la mirada en los celulares que sus padres les proporcionaron para mantenerse comunicados. Al cruzar el portón escolar, guardan el teléfono por mandato reglamentario, pero al sonar el timbre de salida, la primera reacción no es socializar cara a cara, sino encender el dispositivo para consumir de las notificaciones acumuladas.

Este comportamiento responde a una dinámica de consumo masivo sustentada en datos oficiales. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH), elaborada por el INEGI, el 81.4% de la población infantil de 6 a 11 años y el 92.4% de los adolescentes de 12 a 17 años utilizan internet habitualmente en México (1). En este último sector, el tiempo promedio de conexión alcanza las 4.7 horas al día, siendo el smartphone el dispositivo rector para más del 90% de los usuarios.

A nivel internacional, el informe de seguimiento de la UNESCO (2) documenta una tendencia global creciente hacia la restricción del celular en los centros educativos. No obstante, los análisis de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) revelan la magnitud de la distracción: en México, el 25% de los alumnos reconoce distraerse con dispositivos digitales en lecciones de matemáticas y un 21% se distrae por el uso que hacen sus compañeros, lo cual se asocia con un rezago directo en el desempeño escolar frente a quienes usan la tecnología con propósitos deliberadamente formativos (3).

La literatura académica internacional señala un patrón similar. Un estudio publicado en la revista Labour Economics comparó los resultados de escuelas secundarias en Estados Unidos antes y después de prohibir el celular en el aula: el desempeño promedio en exámenes de alto impacto aumentó 6.41% de una desviación estándar tras la medida, con una mejora de 14.23% entre los alumnos de menor rendimiento previo (4). Los autores, Beland y Murphy, precisan que el beneficio equivale a una hora adicional de clase a la semana para ese grupo, pero aclaran que la prohibición atiende la distracción inmediata sin sustituir el entrenamiento de la autorregulación que los estudiantes necesitarán fuera del salón de clases.

El riesgo de desarmar la autorregulación profesional

Frente a la tentación institucional de resolver el problema mediante prohibiciones punitivas, Rosalinda Ballesteros, directora del IPBI de Tecmilenio, explicó, en entrevista, el impacto que genera delegar el control de los impulsos a un veto externo:

"Aislar a los niños del entorno digital ignora una realidad innegable: las nuevas generaciones crecerán y trabajarán en un mundo profundamente hiperconectado. Si la única respuesta formativa que les brindamos es el veto externo, los dejamos desarmados frente al consumo compulsivo en cuanto adquieren autonomía", indica la experta.

La directiva detalla que las aplicaciones móviles están estructuradas para activar los circuitos neuronales de dopamina y gratificación inmediata en un cerebro infantil cuya corteza prefrontal, responsable del control inhibitorio y la postergación de recompensas, se encuentra todavía en desarrollo. Cuando un estudiante no entrena su capacidad de concentración autónoma, las repercusiones se trasladan directamente al ámbito laboral.

Estudios de neuroimagen respaldan este mecanismo. Investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles recorded, mediante resonancia magnética funcional, que el número de “me gusta” recibido en redes sociales activa el núcleo accumbens, la misma región cerebral vinculada a la recompensa por comida o dinero, en el cerebro adolescente, mientras la actividad de las redes de control cognitivo disminuye ante contenido de riesgo compartido por pares (5). El hallazgo refuerza la advertencia de Ballesteros: el circuito de recompensa se activa aun cuando la corteza prefrontal, encargada de frenarlo, todavía se encuentra en desarrollo.

"Pensemos en las implicaciones que esto tiene para la vida adulta y profesional. Si una persona nunca entrenó su propio control de la atención y sólo dependió de una autoridad que le quitaba el teléfono o la tablet, ¿qué pasará cuando deba desempeñarse en profesiones de alta responsabilidad?", destacó Ballesteros en entrevista.

Los cuatro pilares de la formación y el florecimiento digital

Para sustituir la dinámica prohibitiva por un aprendizaje aplicable a lo largo de la vida, el IPBI propone migrar hacia el concepto de florecimiento humano en el entorno digital mediante cuatro ejes de acción institucional:

  • Convivencia y ciudadanía digital: formación temprana en privacidad, ciberseguridad, prevención del ciberacoso y comunicación respetuosa.
  • Propósito e identidad digital: orientación para que el uso de herramientas tecnológicas y la creación de contenido respondan a proyectos formativos y de desarrollo personal.
  • Conciencia tecnológica: establecimiento de pautas claras de consumo, desconexión intencional y protección de los ciclos de sueño frente a la luz azul de las pantallas.
  • Resiliencia digital: desarrollo de habilidades socioemocionales para mitigar la ansiedad y la sobrecarga informativa que genera la red.

Prácticas sencillas en el salón de clases, como iniciar la jornada identificando motivos de gratitud en una libreta, encauzar la curiosidad constructiva y reconocer fortalezas de carácter, activan recursos neurobiológicos que contrarrestan la sobreestimulación de las pantallas.

Referencias

1. Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2024). Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2023. INEGI. https://www.inegi.org.mx/programas/endutih/2023/

2. UNESCO: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization).

3. OECD. (2023). PISA 2022 Results (Volume I and II) — Country Notes: Mexico. OECD Publishing. https://www.oecd.org/en/publications/pisa-2022-results-volume-i-and-ii-country-notes_ed6fbcc5-en/mexico_519eaf88-en.html

4. Beland, L.-P., & Murphy, R. (2016). Ill communication: Technology, distraction & student performance. Labour Economics, 41, 61–76. https://doi.org/10.1016/j.labeco.2016.04.004

5. Sherman, L. E., Payton, A. A., Hernandez, L. M., Greenfield, P. M., & Dapretto, M. (2016). The power of the like in adolescence: Effects of peer influence on neural and behavioral responses to social media. Psychological Science, 27(7), 1027–1035. https://doi.org/10.1177/0956797616645673

Déjanos tu like