La discusión sobre el bienestar emocional comienza a desplazarse desde el ámbito individual y organizacional, hacia la construcción de condiciones compartidas como sociedad a través de un nuevo decreto gubernamental.
Durante décadas, el bienestar emocional ha sido entendido como un asunto privado. Si una persona experimenta ansiedad, estrés o depresión, la respuesta parece depender exclusivamente de ella: acudir a terapia, desarrollar mejores hábitos o aprender a gestionar sus emociones.
Poco a poco, sin embargo, la evidencia científica ha demostrado que el bienestar —en todos sus aspectos— está profundamente influido por el entorno en el que vivimos, estudiamos y trabajamos.
Hoy esa conversación comienza a adquirir una nueva dimensión. Hace unos días, el gobierno de la Ciudad de México planteó la posibilidad de reconocer el bienestar emocional como un derecho y fortalecer las acciones institucionales destinadas a promoverlo (1).
Pero más allá de la figura jurídica que eventualmente adopte esta propuesta, la conversación plantea una pregunta de fondo: ¿qué significa entender el bienestar emocional como una responsabilidad compartida y no únicamente individual?
México entre los países con mayor bienestar
El momento en que surge esta conversación resulta especialmente significativo. El World Happiness Report 2026, elaborado por el Wellbeing Research Centre de la Universidad de Oxford, ubicó a México en el lugar 12 entre 147 países, convirtiéndolo en el segundo país mejor evaluado de América Latina, sólo por detrás de Costa Rica (2). Aunque descendió dos posiciones respecto al año anterior, el país se mantiene dentro del grupo con mayores niveles de satisfacción con la vida a escala global.
El informe muestra que la fortaleza del bienestar en México no descansa exclusivamente en variables económicas. Uno de sus principales activos es el llamado capital social: la calidad de las relaciones familiares, las amistades, las comunidades y las redes de apoyo que permiten a las personas afrontar situaciones adversas y mantener una percepción positiva de su vida incluso en contextos complejos.
Esta idea coincide con uno de los hallazgos centrales del reporte: mientras varias economías desarrolladas experimentan un deterioro sostenido en la satisfacción con la vida —especialmente entre la población joven—, países como México conservan niveles relativamente altos gracias a la fortaleza de sus vínculos sociales. Incluso el análisis sobre redes sociales muestra una diferencia relevante: en América Latina, plataformas como WhatsApp o Facebook tienden a reforzar relaciones ya existentes, mientras que en otras regiones predominan usos asociados con aislamiento o comparación social.
Desde esta perspectiva, resulta lógico que la conversación sobre bienestar evolucione hacia una pregunta distinta: si las relaciones humanas constituyen uno de los principales factores que sostienen la satisfacción con la vida, ¿qué papel pueden desempeñar las instituciones para proteger y fortalecer esas condiciones?
Del tratamiento a la promoción del bienestar en las sociedades
Aunque el concepto puede parecer novedoso, sus fundamentos tienen décadas de desarrollo.
Desde 1948, la Organización Mundial de la Salud definió la salud como "un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades" (3). Con ello comenzó a consolidarse una visión más amplia, donde el bienestar dejó de entenderse únicamente como la ausencia de enfermedad.
En las últimas dos décadas, esa perspectiva se ha fortalecido gracias al desarrollo de disciplinas como la psicología positiva. Investigadores como Martin Seligman sostienen que una buena salud mental no consiste únicamente en reducir síntomas, sino también en fortalecer recursos psicológicos como las relaciones positivas, el propósito, la resiliencia y el sentido de logro (4).
Bajo esta mirada, la propuesta discutida en la Ciudad de México refleja un cambio de enfoque: desplazar el énfasis desde el tratamiento de los problemas emocionales hacia la construcción de condiciones que favorezcan el bienestar antes de que aparezca el malestar.
El verdadero desafío
Si esta discusión prospera -en un primer momento en la Ciudad de México- el principal reto no será conceptual, sino práctico. Traducir el bienestar emocional en acciones sostenidas implica diseñar estrategias preventivas, fortalecer los servicios de acompañamiento, formar profesionales especializados y generar entornos que favorezcan la salud emocional en escuelas, comunidades y centros de trabajo.
Quizá la aportación más relevante de este debate no radique únicamente en el alcance normativo de la propuesta, sino en el cambio cultural que representa. Durante mucho tiempo entendimos el bienestar emocional como una responsabilidad privada. Hoy, la psicología positiva, la investigación sobre felicidad y los estudios internacionales apuntan hacia una idea distinta: las personas construyen su bienestar en el marco de sus relaciones y los espacios donde conviven con otros.
Reconocer esa dimensión colectiva no elimina la responsabilidad individual, pero sí amplía el horizonte desde el cual entendemos qué significa vivir bien. En un país donde la principal fortaleza para explicar la satisfacción con la vida sigue siendo la calidad de los vínculos humanos, esa quizá sea la conversación más importante que comienza a abrirse.
REFERENCIAS
(1) “IAPA se transforma en IASAMA; Ciudad de México impulsa el bienestar emocional como un derecho”, boletín de prensa del Gobierno de la Ciudad de México, 22 de julio de 2026. Disponible en: https://www.iapa.cdmx.gob.mx/comunicacion/nota/iapa-se-transforma-en-iasama-ciudad-de-mexico-impulsa-el-bienestar-emocional-como-un-derecho (consultado el 27 de julio de 2026).
(2) Helliwell, J. F., Layard, R., Sachs, J. D., De Neve, J.-E., Aknin, L. B., & Wang, S. (Eds.). (2026). World Happiness Report 2026. Wellbeing Research Centre, University of Oxford. Disponible en: https://worldhappiness.report/ (consultado el 27 de julio de 2026).
(3) World Health Organization. (1948). Constitution of the World Health Organization. https://www.who.int/about/governance/constitution
(4) Seligman, M. E. P. (2011). Flourish: A Visionary New Understanding of Happiness and Well-being. Free Press.